internet

Hasta hace muy poco, cada vez que formateaba el disco duro conservaba una copia de los Favoritos del navegador: una colección exagerada de direcciones que no sabía cómo organizar pero que cargaba a cuestas tras cada nuevo formateo.

Ahora ya no lo hago. O si guardo una copia me olvido de recuperarla e importarla al nuevo navegador. También llevo un tiempo sin añadir marcadores a sitios sociales como Del.icio.us.
Pensando en posibles razones de este cambio espontáneo de conducta, caí en la cuenta de que tampoco mi hija pequeña guarda direcciones. Las busca directamente en la caja del buscador que incorporan los navegadores. ¿Para qué guardar, en local u online, cantidad de URLS que puedes recuperar rápidamente en cualquier momento?

Al fin y al cabo, ¿no es esta la función de la informática? Simplificar y automatizar nuestros trabajos. Que memorize el buscador en vez de nosotros o nuestro disco duro.

La decadencia de los marcadores o favoritos.

Tenía este tema pendiente desde hace semanas, cuando hoy leo (Barrapunto) que en Japón el sistema de URLs está siendo sutituido por un sistema de códigos QR o palabras clave que el buscador resuelve en un plisplas.

Más y mejor: según cuenta Clarín, la velocidad de la actual Internet será multiplicada por 10.000 cuando se implemente LHC, un acelerador de partículas que dará lugar a The Grid, una nueva red en la que bajarse una película completa será cuestión de segundos.

Resuelto el cuello de botella que representaba ipv4 (se agotaban las direcciones IP que identifican unívocamente cualquier dominio en la Red) con la puesta en marcha de ipv6 (tenemos reserva de direcciones para los próximos siglos), está gestándose la autopista que será The Grid, señalizada por buscadores implacables. En lista de espera, la web semántica.

Internet se queda anticuada. Afortunadamente.