Las distintas capacidades de reproducir audio en formatos digitales tiene confundido a los usuarios. Aquí te explicamos las diferencias en el “bitrate” y cómo buscar la mejor calidad en tus canciones.

Las bases de datos con música crecen y crecen en los discos duros, pero junto con ello aumenta el inconveniente del “bitrate”. ¿A muchos no los suena esa palabra?

La repuesta es bastante sencilla: es la cantidad de kilobite por segundo (kbps) con la cual se reproduce el archivo de audio. Esta medida se puso en el tapete tecnológico, cuando iTunes de Apple comenzó a ofrecer canciones con 256 kbps, superando el estándar anterior de 128 kbps.

Mientras mayor sea el número, mejor será la capacidad del sonido cuando le damos play. Algo que para melómanos expertos puede hacer una gran diferencia.

La calidad puede hacerse aún más notoria si llevamos estos archivos a un sistema de audio más completo con distribución de canales, parlantes de surround y ecualización. En 256 kbps el audio que se logra es casi igual al de un CD convencional, según Apple.

El problema con el formato anterior era la compresión. Este proceso achicaba los datos del audio para llevarlo a un archivo más liviano. Algo que efectuó por primera vez el CD análogo a comienzos de los ochentas, al quitar varias características sonoras del disco de vinilo y transpasarlas al modo digital.

El CD primario se degradó aún más para llevar los archivos hacia formatos de pocos megas, en breves transferencias por Internet que sólo requiere algunos segundos. Nacía el MP3.

MP3 (sigla para el concepto en inglés Moving Picture Experts Group Audio Layer III) es una tecnología que permite comprimir archivos de audio a aproximadamente una décima parte de lo que ocupan en un CD de audio.

Este pequeño tamaño hace que los datos se puedan transportar fácilmente por Internet y es posible almacenar más canciones en un sólo disco de CD ó DVD.

Las tiendas virtuales venden música legal de MP3, como iTunes, a un precio de US$ 0,99 (menos de 550 pesos chilenos) por canción. No obstante, otro público más exigente pide formatos no tan comprimidos.

Apple está dispuesto a satisfacerlos, cobrándoles un precio superior. Aunque aseguran que la adquisición de un álbum completo costaría lo mismo en formato de alta o baja calidad. Al contrario de comprar sólo una canción.

OTRAS VARIABLES

Además del “bitrate”, la calidad del sonido es también afectada por su formato, definido por el software ocupado para comprimirlo (conocido técnicamente como codec).

MP3 fue el formato más compromido y por ello se popularizó rápidamente. Pero Apple escogió un nuevo tipo llamado Advanced Audio Coding (AAC). Mientras que otras tiendas en línea utilizaron Windows Media Audio (WMA), incompatible con iPods.

Expertos consideran que estos tres formatos llevan la música hacia rangos más bajos o agudos que el oído humano no puede captar, con el fin de hacerlo más “liviano”.

Por ejemplo, una canción no comprimida de buena calidad debería rondar los 33MB. Cuando se “achica” puede llegar a 6MB en 256 kbps ó 3MB en 128 kbps.

En programas, como iTunes o similares, nos pregunta qué queremos hacer con la canción una vez recibida en el estado puro seleccionado. La opción por lo general es convertirla a MP3.

En la actualidad, los sitios de ventas en línea ofrecen canciones de 128 kbps. Otros prefieren sacrificar las ventas y elevar la calidad y así se encuentran piezas de 25MB.

Incluso algunas canciones llegan a tener 250MB, el mismo tamaño que archivos de vídeos, y orientados para clientes super exigentes. Obviamente son de alta calidad, con 11.000 kbps y llegan a valer US$ 20, casi lo mismo que un álbum completo en CD.

SIN VUELTA ATRÁS

Para resolver la interrogante si el público logra detectar las diferencias entre estos tipos de formatos, dos grandes cadenas de música online Maximun PC y Gizmondo hicieron pruebas de audición.

Los participantes de estos testeos casi no se dieron cuenta de la diferencia entre un archivo de calidad normal y otro de alta definición (128 kbps contra 252 kbps, respectivamente).
Esto se explicó porque los algoritmos utilizados para comprimir audio son casi inaudibles, ya que basan su simplificación de las frecuencias en “engañar” al oído con modelos psicoacústicos. Aunque exista una diferencia de calidad a mayor bitrate.

Un MP3 a 128 kbps sonaría casi igual que un AAC de 256 kbps, porque estos utilizan un mejor modelo psicoacústico, que les permite desechar el doble de material sonoro, logrando sonar casi igual, de acuerdo al informe.

Si un AAC se comprime a 128 kbps, sonará como un MP3 de 256 kbps, aproximadamente. Un AAC a 256 kbps sería como un MP3 a 512 kbps, es decir, una calidad suficientemente alta, con lo cual no se debería notar mucha la pérdida ocasionada por la compresión.

Pero ojo que no hay vuelta atrás cuando se “ripea” una canción de 256 a MP3, por ejemplo. El MP3 no puede volver a sonar igual que el original si queremos subir su capacidad de kbps.

Existen herramientas como DbPowerAmp que bajan el bitrate de una canción original y lo estabilizan. Además normaliza el volumen en un solo paso con varios archivos. Así, podemos crear “álbums” con un sonido parejo, que no variará de un tema a otro.

El proceso con el MP3 es al contrario a lo que sucede cuando se graba un cassette de audio: en este caso empeora la calidad, empezando por las frecuencias bajas. En los MP3 es al revés, pues deforma hacia las frecuencias altas.

Será la eterna lucha de los formatos computacionales: calidad versus capacidad. Si queremos mucho en poco espacio, habrá que bajar el bitrate; pero si deseamos mejor audio hay que aumentar los datos.

Fuente: http://www.terra.cl