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Una investigación demuestra estadísticamente porqué es conveniente comprar este tipo de bombillas, aunque también tienen sus desventajas.

VALPARAÍSO.-Alrededor de 240 ampolletas incandescentes y de ahorro energético dispuestas en fila sobre un banco de prueba, se encienden y apagan cronométricamente mientras Raúl Vargas, estudiante de Ingeniería Civil Electrónica de la Universidad Técnica Federico Santa María (USM), toma registro desde hace casi un año para posteriormente evaluar y comparar el desempeño, eficiencia y vida útil de cada una de ellas.

Todo ello para elaborar el “Estudio para la masificación de tecnologías de ahorro energético y económico”, auspiciado por el Núcleo de Electrónica Industrial y Mecatrónica (NEIM), a través de su director Jorge Pontt (profesor guía). Éste consistió en la evaluación de distintas clases de luminaria existente en el mercado -mediante un trabajo realizado en el Laboratorio de Evaluación Solar del Departamento de Mecánica de la USM-, donde se analizó estadísticamente la vida útil y los niveles de luminosidad de las ampolletas.

“El enfoque inicial de este estudio era comparar en términos de eficiencia energética las dos clases de bombillas, contrastando lo que algunas veces puede decir el fabricante y dándole un toque más ingenieril a la información que entrega el rotulado, que es muy básico y deja fuera muchas medidas que son muy importantes para entender el funcionamiento”, dice el estudiante.

Sin embargo, a través del tiempo se fueron agregando otros hitos relevantes de considerar, tales como el comportamiento de la lámpara a través del tiempo, el análisis del contenido armónico en baja frecuencia, el análisis del ruido electromagnético en radio frecuencias y el comportamiento de las mismas en el actual régimen de reducción de voltaje.

Así, la base del estudio fue tomar las marcas más conocidas y consumidas del mercado para someterlas a distintos ensayos. De ellas fueron seleccionadas: Philips, General Electric, Osram, Homeworks, Westinghouse (lámparas fluorescentes compactas: “eficientes”) y General Electric, Eco Light y Philips (incandescentes: “filamento”).

“Hemos llegado a concluir que ciertos tipos de lámparas están muy por sobre su nivel de vida. Un tipo particular de ampolleta que promete cuatro mil horas (4 años a 2,7 horas por día) en realidad funciona 5.400 horas, lo cual presentaría un significativo ahorro económico para la dueña de casa, pues la tendrá funcionando por más de cinco años”, comenta Vargas. El caso más notorio es el de la lámpara General Electric de 20[W] (watts), la cual pasa de tener un costo de reemplazo de $349 a uno de $176, cuenta.

Del mismo modo, el alumno destaca el ahorro en el consumo energético de las mismas, pues la mayoría de las muestras que declaran una potencia de 15[W], poseen una potencia cercana a los 13[W], “lo cual genera ahorros por términos de consumo a largo plazo”, explica.

Con esto, asegura que “no queremos rebatir el rotulado, pero sí presentar las ventajas y desventajas de usar este tipo de lámparas, ya que esto no es la panacea como a veces la gente cree”. Así por ejemplo, Vargas dice que “si bien las lámparas pierden parte de su flujo luminoso durante el tiempo de uso, esta disminución es mayor en las eficientes que en las incandescentes. Lo anterior, sumado a la demora que poseen las eficientes al estacionarse (en el peor de los casos 20 minutos), hacen de ésta una alternativa poco útil orientada a ciertas aplicaciones y necesidades del usuario”.

Del mismo modo, el joven explica que otra de las desventajas pasa por el tema eléctrico, pues puede resultar bastante perjudicial para la red. “La parte final del estudio hace un análisis de las señales eléctricas de cada tipo de lámpara y a través del mismo se ha podido concluir que si comparamos una cantidad de potencia en iluminación mediante lámparas incandescentes con una cantidad menor de potencia en ampolletas eficientes, las segundas presentarían mayor cantidad de pérdidas en distribución eléctrica, por concepto de armónicas que anteriormente no existían”, plantea.

Así, el alumno explica que “esto quiere decir que si estas lámparas (de ahorro energético) se empiezan a masificar mucho, podrían producir pérdidas considerables en los sistemas de distribución”.

Otro de los puntos en contra de trabajar con lámparas fluorescentes compactas son las emisiones electromagnéticas conducidas. Ello, pues “algunos tipos de lámparas emiten ruido electromagnético en alta frecuencia, la cual eventualmente podría causar interferencias en equipos sensibles (equipos médicos, emisoras AM, etc.)”, comenta.

Por otro lado, considerando la reciente disminución del voltaje determinada por el Gobierno para reducir los consumos eléctricos en los hogares, el estudio concluyó que a diferencia de las ampolletas incandescentes, “con un voltaje reducido algunos tipos de lámparas económicas son mucho más eficientes y por ende dan mayor cantidad de luz por watt”.