Aunque han pasado 42 años desde que se perpetró uno de los asesinatos más cruentos de la historia policial de la región y el país y donde aún no hay responsable, una iniciativa  de Investigaciones busca despejar una de las principales dudas del caso.

A pesar de las hipótesis, conjeturas e investigaciones lo claro es que nunca se pudo esclarecer los asesinatos  de Chacra Julieta. Fue un crimen perfecto. Una frase que no gusta al interior de las policías, pero que en este caso sigue vigente desde la víspera de   navidad de 1966 cuando fueron salvajemente muertas Dagna Olivares y sus hijas  Silvia Inés y Miriam Cecilia, de 9 y 4 años respectivamente.

¿Qué realmente ocurrió? ¿Quién  o quienes fueron? A  42 años de la tragedia estas interrogantes siguen en el aire y sin respuestas concretas. Sólo conjeturas. Sin embargo, una iniciativa de  la Policía de Investigaciones busca terminar con este enigma. Para ello  sigilosamente está llevando adelante un proyecto que de prosperar podría terminar con la aprobación del alto mando para que  se pueda reiniciar la investigación  y finalmente dar con los nombres  y autores.

El subprefecto Luis Valenzuela, jefe regional  de la Brigada de Homicidios, reconoce que se trata de un desafío que seduce. Explica que  el jefe nacional  de esta repartición, “nos está planteando a todas brigadas del país  que escarbemos estos hechos históricos que están sin solución o que hay alguna duda al respecto, cosa de trabajarlos con las nuevas técnicas que existen. Ahora que tenemos un laboratorio más avanzado y gente más especializada en algunos ámbitos que en ese  momento no lo eran”.

Además, destacó   que se debía tomar en cuenta que en  los años ’60 no existía la Brigada de Homicidio, “el policía que trabajó esto era el mismo que investigaba el robo o el hurto. No se trataba de un grupo especializado”.

Admitió que ya existió contacto con la Corte Suprema, “la que ordenó a sus tribunales y Corte de Apelaciones para  dar el mayor apoyo posible”.
Aunque no quiere revelar detalles del plan, sostiene que  se buscará un hilo conductor con  las personas que fueron entrevistadas en la época y los profesionales que laboraban en la institución, “eso nos permitirá ubicar más gente. Estamos hablando de una buena cantidad de años, pero siempre hay alguien que puede tener algún recuerdo o ‘que yo dije algo en su oportunidad, pero nadie me tomó en cuenta’. Lo otro es buscar en las antiguas bodegas de la policía los informes que se generaron en esa oportunidad”.

Añade que una  vez que reúna  la mayor cantidad de datos, “veremos cómo estaba el sitio del suceso y cómo fue descrito en su oportunidad para precisar si el funcionario lo trabajó como debe ser y, además, con las nuevas técnicas y conocimientos se puede lograr un resultado”.

Admite  estar consciente que la acción puede provocar un remezón en la sociedad serenense por el revuelo y conmoción que provocó el crimen, “reabriremos heridas justamente para dar respuesta a una incertidumbre que hay desde ese tiempo. Además que conversaremos con gente que ya no tendrá miedo de hablar y plantear que pudo haber sido tal o cual persona”.

En todo caso por el tenor de la legislación chilena, el funcionario  descartó que  si encuentra él o los culpables podrían ir presos, “es muy difícil, pero todo depende del Poder Judicial. Hay conversaciones con la Corte Suprema y nosotros colocaremos los antecedentes ante la jefatura en Santiago y ellos al máximo tribunal y se verá  qué argumento pueden utilizar.  Nosotros teníamos  un profesor que nos planteaba que no existe un crimen perfecto, sino que los investigadores que no efectuaron una investigación perfecta. Este es un desafío y una meta que nos estamos colocando como institución. Sería formidable para nosotros encontrar un resultado y donde afirmar científica y policialmente que las cosas ocurrieron así y que tal persona podría  ser la involucrada. Hubo  mucho ensañamiento. En lo personal pienso que alguien que cometió un homicidio de esas características no debería quedar libre, pero la ley no contempla la detención ni un castigo después de determinado años”.

No obstante, remarca que  independiente de que la persona quede o no  detenida, “igual habrá un castigo moral y de la sociedad. Insisto, por lo delicado del tema y el tiempo que ha pasado recavaremos los antecedentes y evaluaremos la situación. Lo analizarán expertos y abogados y personas que estén interiorizados en este tipo de sicopatías”.

En la tarea de recopilación de datos están trabajando dos profesionales, etapa preliminar que terminará con la redacción de un informe  que será remitido al alto mando. En el resto de las regiones  se está trabajando en una experiencia similar.

RECUERDOS EN SEPIA

Desde el primen momento del crimen  las sospechas se centraron en el esposo y padre de las víctimas, Salvador Segundo Gálvez. “Ahora se arruinó toda mi casita”, fueron sus palabras al momento de conocer lo ocurrido.

Las dudas también recayeron en el cargador Alejandro Macaya, quien vivía allegado en el entorno de la  familia Gálvez Olivares. Incluso,  dormía en una solitaria pieza  a cuarenta metros donde ocurrió el hecho. Sin embargo, tras su detención aseguró no haber escuchado nada anormal.

Entre las teorías  que se barajó también  se indicó que se trató de un crimen pasional.

Pese  a que el suceso se transformó en tema nacional, rápidamente se llegó al primer año y poco se había avanzado.  La Policía Civil sólo  confeccionó un retrato hablado del presunto autor. Una persona que en su rostro de tez blanca poseía cuatro lunares. Sin embargo, el caso se cerró por falta de pruebas. Lo mismo ocurrió cuando la abogada, María Urrutia, quien patrocinaba a los vecinos del sector, logro meses más tarde que nuevamente se reabriera.

En 1967, Salvador Gálvez se refirió por primera vez al  tema. Su primera precisión fue descartar cualquier participación y responsabilidad. También admitió lo complejo que estaba siendo insertarse en el campo laboral. “Es una vida muy mala la que estoy pasando”, enfatizó.

En 1968 consciente de la alarma pública el intendente de la época, Eduardo Sepúlveda Whittle envió un informe al Ministerio de Justicia con la finalidad de reabrir el  caso y lograr esclarecer la verdad. Pero, el objetivo nuevamente chocó con la falta de antecedentes.

Cuando  se cumplieron 5 años surgió otra  pista. En la noche  de  la navidad de 1966 se había visto rondando la casa  un misterioso  hombre. Se hizo un retrato hablado y rápidamente se divulgó en todo Chile el dibujo de una persona cara redonda, casi calvo y con un palo de fósforo que constantemente llevaba en la boca. Tras intensas diligencias se logró detener a un individuo con estas características. Resultó ser un zapatero de La Serena que se había trasladado a Antofagasta donde fue detenido después de ocho meses de búsqueda. Sin embargo, como había sucedido otras veces no se sacó nada en concreto. El supuesto autor no tenía idea respecto al hecho y lo que se le preguntaba. Incluso,  varias versiones coincidieron que el día del crimen estaba en otro lugar. Nuevamente se llegaba a fojas cero.

DECADA DE INCERTIDUMBRE

En 1976 se cumplieron 10 años del asesinato. Gálvez, nuevamente decide hablar. Lo hace movido por la desesperación que ha vivido en los últimos años. Acusó presiones de distintos sectores. “Durante estos años me he dedicado a reunir antecedentes que he hecho llegar a Investigaciones para que ellos puedan dilucidar este bullado caso. Espero que algún día quede aclarado todo para que  esas personas que aún persisten en sindicarme como el culpable desistan de esas erradas opiniones”.

En aquella oportunidad, Gálvez, insistía en que el móvil del asesinato fue el robo. “El cuerpo de mi esposa fue encontrado sin vida frente a la cómoda lo que me  ha hecho pensar que ella trató de impedir que él o los delincuentes trataran de llegar hasta la cómoda donde estaba ese dinero y que al verse impedido la mataron y luego a mis hijitas para que no pidieran auxilio con sus gritos. Nadie me va a sacar de la cabeza esa hipótesis”, confesó.

Al suboficial Pedro Vigorena  le correspondió la navidad de 1966 atender el  llamado de un músico que alertó  la tragedia. Cuando  concurrió al lugar no lo podía creer. Se trataba de una familia que había conocido cuando  se   desempeñó en el retén del  sector  de Algarrobito. “No pude contener el llanto, porque conocía de quien se trataba y por la bestialidad usada”, afirmó en marzo de 1988, cuando El Día publicó una nota recordando una vez más el caso.

Agregó que   ni Carabineros  ni Investigaciones,” habría podido sacar más de lo que se pudo, ya que la presencia de numerosas personas que entraron a las dos habitaciones para apagar el incendio que se procuró provocar para tapar el delito, la tierra lanzada sobre frazadas, colchas y madera, agua, el retiro que se hizo de una de las menores para llevarla a una casa vecina procurando salvarle la vida, impidió mantener intacto el sitio”.

Un último informe de la policía en el que tomó parte el médico distinguido por Scotland Yard, doctor  Osvaldo Esquivel llevó a establecer que Dagna, a pesar del fuerte golpe en su cabeza, “alcanzó a caminar en dirección de la cama donde estaban sus hijos”. También se comprobó que hubo robo de dinero guardado en una cómoda que estaba en la cabecera de la cama de la mujer. Se trata de una cifra estimable producto de la cosecha de papa de los terrenos donde trabajaban familiares de su esposo.

Cuando el caso estaba pronto  a ser sobreseído por el plazo legal (10 años), la causa se reabrió. Una vez más fue detenido Salvador Gálvez y su hermano Lino.

A pesar que desde el principio se vinculó como uno de los posibles culpables a Salvador Gálvez, la investigación determinó y comprobó que  a la hora de la tragedia y posterior incendio del inmueble se encontraba recogiendo pasajeros en su camión  estacionado en Compañía Baja. Las dudas sobre su responsabilidad  surgieron ante  la frialdad con que habría reaccionado frente al drama de haber perdido a su esposa e hijas. “Quien nunca se vio compungido, apenado o dio alguna declaración, a través de la cual se sacara algo en  limpio”, detalló una nota de prensa de mediado de los ’80. En el  mismo artículo se establecía que para la policía civil, “el caso no se ha cerrado. Policialmente sigue trabajando y de hecho dos policías de aquella época están de servicio activo en La Serena y son quienes permanentemente mantienen vivo el caso”. Incluso, se indicaba que a los nuevos se les  presentaba un extracto del hecho,”a manera de colocarlos al día y continuar esta cadena indagatoria”.

En 1976, el Prefecto Humberto Bermúdez, admitió que el caso, “que aparentemente no es difícil de esclarecer, ha entrado en dentro del campo de lo enigmático, pero de ningún modo es un crimen perfecto porque existen varios puntos que ya han  sido establecidos”.

A principios de 1988 el ex Prefecto Renato Romero Gallegos admitió que “hace 6 años estuvimos a horas de esclarecerlo. Carlos Rojas Murcell, entonces inspector y hoy uno de los jefes de la Comisaría, tuvo el hilo circunstancial en sus manos y a lo mejor en algún instante-uno nunca sabe- ocurre que llegamos a conocer el desenlace, aunque el hecho prescribió hace tiempo”.

LAS PISTAS BORRADAS

Manuel  Ruiz- Aburto fue uno de los jueces que llevó adelante la investigación. En marzo de 2003 y con 87 años sostuvo que la complicación del caso  fue el incendio que afectó la vivienda.”Se alteró prácticamente todo. Esa fue la gran dificultad que tuvo la investigación. Se hizo harto empeño. Había varios sospechosos fijados por la prensa y el comentario. Creo que tiene que haber sido persona conocida que sabía lo que había”, argumento.

Igualmente enfatizó que el móvil fue el robo, así como sostuvo que Gálvez fue exhaustivamente investigado, aligual que otros dos sospechosos, “pero los tres quedaron descartados, todas las cosas no quedaron en el expediente, quedaron reservadas y las conozco yo no más, pero no diré nada”.

El  ex magistrado también evitó hablar de negligencia policial o un mal trabajo  de la justicia, “las diligencias que se pudieron efectuar se realizaron. Fui bastante acucioso en mi trabajo”. Igualmente, cree que un crimen perfecto alguna vez se descubre “y todavía es posible que el arrepentimiento puede llegar a dar una pista. Hasta ahora (2003) el caso está prescrito. La única posibilidad que queda en nuestra legislación es que el autor haya cometido otros delitos en lapsos posteriores.

EN BUSCA DE LA VERDAD

El proyecto que lleva adelante la policía de Investigaciones actualmente es concordante con el interés que había manifestado al propio Salvador Gálvez en el 2003. En el libro  Recuerdos y Personajes, crónicas de un Pasado Regional, de Gonzalo Tapia  Díaz   reafirma que en principio no sospechó de nadie, “pero el paso del tiempo ha ido formando en el interior de mi persona, la figura de un sospechoso, de quien dudo en un 90%, tengo fuertes motivos para pensarlo así. El aún vive. En esa época éramos amigos y casi vecinos. El hombre sabía que yo guardaba una importante cantidad de dinero en la casa. Además, el día anterior  al homicidio cometí  el error de contarle que la noche siguiente viajaría a  Andacollo. Dagna lo conocía y creo que el tipo llegó en la madrugada,  abrió la puerta con un fuerte puntapié, ya que por dentro no tenía chapa ni picaporte como se dijo”.

Cuando se le pregunta el por qué  no había concretado la denuncia.

Gálvez admite que requiere de un buen abogado “y el dinero suficiente para llevar adelante un juicio. Si así ocurriese yo le aseguro que al fin se sabría la verdad de todo. Por eso accedí a conversar para este libro. Para pedir en estas páginas ayuda legal, la que en verdad necesito. Si alguien quiere dármela, estoy totalmente dispuesto a colaborar. Eso permitiría limpiar mi imagen  ante la sociedad y a la vez demostraría a la familia Olivares, la de mi esposa, que estaban equivocados al señalarme desde un comienzo como el asesino de Dagna y de las niñas”.

Más allá de la carátula de un crimen perfecto, el caso se transformó en una pasión para investigadores. De hecho, hasta 1988 viajaban  a La Serena policías retirados para conocer el expediente. De ahí que no sorprende la ofensiva que está realizando la Policía de  Investigaciones con este trabajo 42 años después. No es descabellado cuando es el mismo proyecto que  busca saber cómo y quien disparó al guerrillero  Manuel Rodríguez.