El esposo y padre de las víctimas del crimen de Chacra Julieta rompe el silencio e insiste saber quién fue el autor del asesinato de su familia y cuyos datos no tiene complicaciones en entregar a la Policía Civil.

Sorpresa. Incredulidad. Esperanza. Con estos calificativos fue recibida la revelación de que la Policía de Investigaciones desclasificará los archivos del caso del Crimen de Chacra Julieta para intentar una nueva ofensiva que apuntaría a establecer quién o quiénes fueron los autores del asesinato de Dagna Olivares y las menores Silvia Inés y Miriam Cecilia en la navidad de 1966.

La iniciativa es ambiciosa y controvertida. Esto porque si el proyecto prospera y es aprobado por el alto mando de la entidad policial, el caso nuevamente retornaría al primer plano. La información entregada por diario El Día fue confirmada por el Jefe regional de la Brigada de Homicidio, Subprefecto Luis Valenzuela y refrendada por el Prefecto Gilberto Loch, jefe nacional de esta institución. El profesional aseguró a LUN que este crimen está en la recopilación de datos de los 100 casos más horrendos que han ocurrido en Chile desde 1940.

“La Corte Suprema nos autorizó a ingresar a todos los archivos judiciales del país, además del nuestro”, subrayó. De todas formas, admitió que tampoco buscaban generar falsas expectativas. Reconoció que es muy difícil encontrar la verdad, “en casos ocurridos hace 40 años, porque muchos de los protagonistas están fallecidos y los casos en sí están prescritos”.

No obstante, en la causa de La Serena precisamente lo que genera mayor expectativa es que la mayoría de los personajes claves están vivos. Incluso, uno de los más importantes: Salvador Segundo Gálvez Muñoz, no solo está dispuesto a entregar antecedentes, sino que también reveló que tiene noción de quién podría ser el culpable.

Actualmente Gálvez vive en la localidad de Santa Gracia junto a su hijo. Está dedicado a la crianza de ganado caprino después de haberse retirado de la actividad agrícola. Precisamente allí lo encontramos. Ya estaba enterado de la nueva arista del caso. Su figura está totalmente cambiada a la imagen que copaba la prensa a finales del 60 y ’70. Cumplió 73 años y guarda intacto los pormenores que rodearon el trágico episodio. En la calidez de su hogar ayudado por la tranquilidad del sector nos habla sobre la iniciativa que está llevando adelante la Policía Civil. Dice estar confiado de que ahora se puede llegar a descubrir la verdad. De hecho, recalcó que está dispuesto a colaborar con Investigaciones y sobre todo a darles a conocer la teoría que posee respecto a quién habría cometido el delito.

Por momentos su voz se quiebra, sobre todo cuando habla de su esposa e hijas. “Eran unos angelitos”, rememora al borde de la emoción. Pero sigue adelante. Confiesa que el tiempo se ha transformado en el verdadero “policía”, ya que le ha permitido reconstituir los hechos y reunir antecedentes, lo que lo ha llevado a la convicción de saber “en un 100 %” quién sería el autor del horrendo crimen. “Este gallo es un verdadero psicópata. Trabajó conmigo. Era un muy buen trabajador y siempre presentó bastante voluntad. Veía que yo desarrollaba bien mi trabajo, aprendí a sembrar y tenía buena cosecha y él me ayudaba. Entonces, me fue observando y esperó la oportunidad. Esto no está en Investigaciones. Este punto nunca se lo expliqué a la policía porque jamás sospeché de él”, enfatiza.
Sostiene que las dudas comenzaron cuando el sospechoso cometió otro crimen décadas después. “Cuando ocurrió eso, dije ‘listo, aquí está. Ahora, sé que es él’. Tengo antecedentes para entregarle a Investigaciones”, reitera.

En su rostro se advierte el paso del tiempo. “Para mí no ha existido nunca la rabia, sino que el dolor, la pena y tristeza por la manera que lo hicieron. Eran unos ángeles. Gente indefensa, cómo no iba a conocer a mi gente. Es triste”.

LA SOMBRA DE LA CULPA

Sobre Gálvez Muñoz siempre recayó la culpabilidad de la masacre, aunque judicialmente nunca se le pudo probar nada. 42 años después insiste en su inocencia. Incluso cree que al aparecer constantemente como el culpable impidió que se encontrara a los verdaderos autores. “Siempre me tomaron detenido y me acusaron muchas veces, pero creo mucho en Dios y él siempre me acompañó. Al juez Manuel Ruiz-Aburto le dije ‘hagan lo que quieran conmigo porque deseo que se desengañen de mí para que puedan buscar la pista verdadera'”, puntualiza.
Una de las razones que desvió la atención hacia Gálvez fue el pragmatismo y frialdad con que actuó frente a las muertes, sobre todo cuando no se trataba de víctimas cualesquiera.

El sostiene que si bien exteriormente se pudo advertir una reacción fría, recalca que internamente estaba destrozado. “Quien me dio valor fue Dios. Esto no era para vivir, durante tres meses lo único que pensaba era en morir, no lo demostraría a lo mejor porque soy un hombre fuerte, de trabajo, de campo y sufrido. A mí me arruinaron la vida. Era un árbol que iba creciendo y me la cortaron (la vida)”.

Asegura que siempre ha estado tranquilo, “porque nunca he hecho nada”.
Para Gálvez el móvil continúa siendo el robo. “Me llevaron detenido cuando mi gente (cuerpos) no estaban en la casa. Al ingresar, lo primero que vi fue que a la cómoda le habían arrancando las manillas. Incluso, tenía dos armas, pero sin municiones. También se encontraban 3.500 pesos, los que en ese tiempo eran plata, y no estaba. Miré para el velador y estaban las manchas de sangre”.
Dentro de la asociación de ideas, Gálvez sostiene que el sospechoso fue el mismo que horas después de la tragedia intentó ubicarlo en Andacollo para comunicarle lo que había ocurrido con sus familiares. “Yo estaba en la iglesia y le avisó a mi hermano (Lino). Lo que me gustaría es que la policía me lo colocara en frente (sospechoso). Me enteré que esa persona, ha contado en dos partes que él fue. Ha hablado curado. Por eso digo que tengo casi el 100% de seguridad. Nunca tuve una pista tan segura como lo que poseo ahora”, reitera.

¿Le complicaba que lo tildaran de culpable de la muerte de su propia familia?
“Rabia no, pena sí. La gente está equivocada conmigo, pero nunca me he molestado. Incluso, una vez cuando coloqué flores (a las víctimas en el cementerio), pasó una señora y me dijo, está libre y colocando flores”.

-¿Está consciente de que su teoría puede generar conmoción?
“Claro, pero lo que interesa es que se sepa la verdad”.

¿A su juicio, por qué nunca se conoció?
“Porque me culpaban a mí. Encuentro lógico (que pensaran eso), porque era el más cercano, pero yo no lo hice. Ahí vivíamos felices”.
Aunque han pasado 42 años, Gálvez asegura que no deja de pensar en su familia. “Todos los días está presente”.

MÁS APORTES

Edgardo Pérez Galleguillos afirma que también está dispuesto a entregar antecedentes. En 1966 tenía el grado de cabo de Carabineros. Actualmente posee 76 años y afirma ser una de las primeras personas que llegó al lugar del crimen. Se enteró cuando estaba de punto fijo en el hospital de La Serena, cuyos funcionarios llevaban adelante una paralización.

De inmediato abordó un taxi y se trasladó al lugar. A pesar del paso del tiempo, sostiene que aún tiene grabada la imagen de dos de los cuerpos al interior de la modesta vivienda. En contacto telefónico desde Villa Alemana, planteó a El Día que a diferencia de las versiones de la época, Dagna Olivares estaba arrodillada a los pies de la cama. “Tenía las manos entrelazadas y un golpe en la cabeza, pero no habían signos de lucha. Le toqué las pantorrillas y estaba tibia”. Reconoce que a lo largo del proceso nunca lo llamaron a declarar. “No me tomaron en cuenta, aunque comuniqué a la comisaría lo que pasaba. Hubo tantas versiones de que fue un hecho pasional, incluso, de que había traición. Se dijeron tantas cosas, a lo mejor no tomaron en cuenta muchas otras. Faltó más acuciosidad en la investigación por parte de la policía Civil y Carabineros”.

EFECTO JUDICIAL

¿Qué sustento e impacto jurídico puede tener el trabajo que desarrolla hoy Investigaciones?
La presidenta de la Corte de Apelaciones, María Angélica Schneider, aseguró que la legislación chilena es clara en sostener que después de un periodo de tiempo los casos prescriben. Sin embargo, admitió que en los procesos de derechos humanos se declaró algunos crímenes imprescriptibles. “Podría discutirse eso. Es difícil, pero para dejar tranquila a la gente se puede hacer algo”.

En su caso no cree en los crímenes perfectos, “tal vez fue mal investigado, para no decirle que a lo mejor le echaron tierra”.

El Ministro de la Corte Suprema, Haroldo Brito dijo desconocer la iniciativa. En todo caso, sostuvo que si se trata de procesos judiciales, estos fueron públicos hace años, “es probable que se trate de hacer pública información de apoyo que no haya estado contenida en los partes”.

Agregó que con los grandes crímenes, “siempre surge la leyenda, la explicación o la especulación de que estas cosas fueron de otra manera. La construcción de la verdad es una cosa complicadísima y es producto de muchas circunstancias y factores”.