square-iphone

Jim McKelvey viene a participar del próximo Entel Summit.

A mediados de los 90, un aproblemado ingeniero computacional, llamado Jim McKelvey, decidió impulsar su alicaído negocio de software de imágenes. Para ello trabajó con un joven practicante llamado Jack Dorsey (que años más tarde fundaría Twitter), con el que convirtió su firma en el sitio de impresión Mira, aún vigente. Pero lo que hizo famoso a McKelvey no fue esa página. Tras volver a reunirse con Dorsey, en 2009, la dupla desarrolló un sistema que permitiría a los comerciantes recibir pagos por tarjeta de crédito en su negocio con un simple iPhone.

“El mensaje es simple: lo usas y nosotros cobramos 2,75% de la venta. No hay letras chicas ni contratos largos”, dice McKelvey a La Tercera, explicando el espíritu con que nació Square, sistema que hoy posee dos millones de clientes en tres países, suma más de 15 mil millones de dólares en transacciones y sobre el cual McKelvey hablará en Chile como relator estelar de Entel Summit, a desarrollarse la próxima semana en Espacio Riesco, en Santiago.

Calificado por la revista Times como uno de los 50 mejores inventos de 2010, Square apunta a los pequeños negocios -las pymes- y desde allí ha crecido. Después de salir de EE.UU. a Canadá y Japón, ahora mira a Latinoamérica y a Chile. “Chile tiene la cultura, varios negocios pequeños y una tecnología al nivel necesario como para soportar un sistema como el nuestro”, dice McKelvey. “Estamos muy interesados en llegar a Chile, así como al resto de Sudamérica y Centroamérica”.

McKelvey dice que sólo dos cosas impiden que ese desembarco sea más rápido: la necesidad de adaptarse a las reglas de cada país y también, que el equipo actual aún es muy pequeño. “Somos una compañía local y cuando nos expandimos nos gusta hacerlo de manera presencial”, dice.

Pero una cosa es que las tiendas tengan Square y otra es que los usuarios quieran pagar a través de él. Es por eso que la compañía también ha lanzado aplicaciones para que los usuarios se beneficien, por ejemplo, accediendo a mapas con los locales que aceptan el servicio.

Otra aplicación es tener la posibilidad de pagar sin siquiera pasar la tarjeta, una opción que ya existe en EE.UU. “Los usuarios registrados con la aplicación pueden entrar a un local, comprar lo que quieren, decir su nombre y recibir el comprobante”. La idea de McKelvey es que la acción de pagar se convierta cada vez en algo más natural e invisible. “Caminas, entras y te vas, esa es nuestra visión final”, dice.