Guillermo del Toro y el elenco hablan del filme que debuta el jueves 11.

“Esta película no es Transformers y tampoco quiere serlo”, advierte el director Guillermo del Toro (Hellboy, El laberinto del Fauno), y no es gratuito: su última cinta ha sido comparada con la franquicia, porque tiene a robots gigantes peleando con extraterrestres que amenazan con acabar con la humanidad.

El jueves 11 llegará a los cines locales Titanes del Pacífico y el público entregará su veredicto, pero mientras, sentado en un salón del hotel Hilton Bayfront de San Diego y flanqueado por algunos de los protagonistas de la cinta, el director reafirma su idea: “Es una película tan personal para mí como cualquier otra. No puedo estar más contento con el resultado”, agrega y Ron Perlman, uno de sus socios estables, lo complementa: “Sin referirme a Transformers particularmente, porque no he visto ninguna de esas películas, creo que mucho en la industria hoy día es prefabricado para ganar dinero, y eso no puede estar más lejos de la realidad en este caso. Esto es lo que salió del corazón de Guillermo y creo que eso se va a notar desde el primer segundo”.


Junto con Perlman, otros de los protagonistas de la historia son Charlie Hunnam (Sons of anarchy), Idris Elba (Prometeo) y Rinko Kikuchi, actriz japonesa que trabajó con Alejandro González Iñárritu en Babel y a través de él llegó a su compatriota.

Una de las diferencias de base entre esta película con la saga de Michael Bay, es que si en Transformers los robots tienen vida propia, aquí son máquinas creadas por humanos para pelear contra monstruos que llegan desde otro universo a través de una brecha que se abre al fondo del océano Pacífico. Así, las máquinas son operadas por duplas de pilotos que deben trabajar de manera coordinada. “Eso es un asunto clave de la película”, comenta Hunnam, quien interpreta a uno de los pilotos. “Los que manejan los robot tienen que confiar en el otro”, añade.

Libertad creativa

A pesar de que esta es una cinta que tiene una buena cuota de efectos especiales, el actor explica que Del Toro hizo que se fabricara un set que simulara el interior de los robot para que los actores no tuvieran que actuar sólo con pantallas. “Nos sirvió mucho, pero era básicamente una máquina de tortura. Todos nos dimos por vencidos en algún momento, menos Rinko que no se quejó nunca”, dice Hunnam, medio en broma y medio en serio, y el director suelta una anécdota: “Les decía ‘una toma más. No ha sido suficiente…’ En serio que no soy un tipo cruel, pero me gustó torturarlos”.

Para Del Toro este proyecto es su primer estreno como director desde 2008 y uno en que tuvo especial cuidado de tener toda la autonomía creativa, considerando que es de alto presupuesto y que, a pesar de que él coescribió el guión, no fue una idea que salió de su cabeza, sino que se la propusieron. “Cuando tuve la primera reunión con (los estudios) Legendary y Warner, les dije: ‘yo sólo sé hacer las películas de una forma, que es de manera personal'”, comenta. “Ellos me dijeron que sería así, y me puse como meta no perder la libertad artística, y de todas formas entregar una película bajo presupuesto y antes de plazo. Fue un trabajo arduo, pero nunca me había divertido tanto en un set ni había tenido tanta libertad”, añade.

Una de las ideas del director fue la de tener a dos personas manejando los robot. También parte del diseño de los monstruos que salieron de recuerdos de películas y series animadas que veía Del Toro cuando pequeño: “Quise hacer una versión adulta de lo que me atraía cuando era niño; hacer unos monstruos tan grandes que hacen que sea imposible negociar con ellos o poderlos convencer, y que son indestructibles a menos que te metas dentro de un robot gigante y vayas a pelear. Cuando niño soñaba con ser vaquero o pirata y traté de hacer una película que si hubiera visto entonces, me hubieran dado ganas de ser uno de estos pilotos”.