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El gobernador marítimo los paparazzeó justo cuando pasaban frente a su oficina. En esta época están buscando lugares para aparearse y hacer sus nidos.

Marcelo Villegas estaba desayunando unos cereales con yogurt cuando vio por su ventana que una “mancha negra” avanzaba raudamente. Se paró para ver qué ocurría, pero antes se puso su parka, porque afuera la temperatura era de unos 15 grados bajo cero.

Eran las 8 de la mañana y Marcelo, gobernador marítimo de la Antártica Chilena, presintió que se venía algo imperdible, así que agarró su celular, la cámara de fotos y su cámara de video GoPro.

La mancha oscura era una montonera de pingüinos Adelia que se estaba desplazando por la isla Rey Jorge.

“El primer grupo era de unos 200 o 300, después siguieron apareciendo en grupos más chicos, de unos 50. Fue un espectáculo maravilloso. Los últimos pasaron como a las 3 de la tarde”, recuerda el capitán de fragata, que lleva 9 meses viviendo ahí.

-¿Eran constantes?

-Paraban un poco, pero era una marcha bastante continua. Era impresionante verlos cómo iban todos ordenaditos. Si paraban era como para esperar al resto. Como que miraban y decían “a ver, ¿vienen todos?” y seguían.

El capitán cuenta que las aves pasaron por el congelado río Bellingshausen, que los separa de los rusos. “Salió todo el mundo, los de la Base Frei, los rusos, todos. Como está todo congelado, es un curso natural y sigue al otro lado de la isla. Llegaron a un sector que se llama Paso Drake, donde hay una bahía”, dice.

-¿Qué distancia recorrieron?

-Desde donde yo los vi aparecer hasta el otro lado de la isla deben ser unos diez o quince kilómetros.

-¿Volviste a ver los pingüinos?

-Al día siguiente el médico ruso me contó que los vio pasar de vuelta. Empezaron a pasar como a las 7 de la mañana.

Anelio Aguayo es un experimentado médico veterinario del Instituto Antártico Chileno y tiene bien claro por qué los pingüinos retornaron al día siguiente. “Ellos están usualmente en el mar comiendo krill y descansan sobre los témpanos de hielo. Como está empezando la primavera empiezan a llegar a la costa. Y al aumentar la temperatura y la luminosidad, empiezan a funcionar, con el calor y la luz solar, las hormonas”, explica desde Punta Arenas.

“Los machos y las hembras empiezan su pololeo, su galanteo. Eligen los lugares de la costa donde empieza a derretirse la nieve y van quedando los pedruscos, el ripio. El macho convence a la hembra, la monta y la fecunda. El mayor regalo de él son piedrecitas chicas, de 3 o 4 centímetros, para ponerlas alrededor de donde ella va a empollar los huevos. Los nidos los hacen en la medida que la nieve se va derritiendo. Si no encuentran un lugar apropiado vuelven y buscan otro. Debe haber habido mucha nieve donde fueron. Pero ellos mandan grupos exploradores primero. Además que emiten sonidos y se pueden escuchar a dos kilómetros de distancia. Pueden caminar muchos kilómetros y también se deslizan de guata para ahorrar energía”, explica el especialista.

Marcelo Villegas, gobernador marítimo

Via | http://www.lun.com