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Jorge Peña Hen (La Serena, 16 de enero de 1928-16 de octubre de 1973)

Jorge Peña Hen, músico, compositor y maestro, fundó en La Serena de los cincuenta, la Sociedad Juan Sebastián Bach, La Orquesta Sinfónica de La Serena y su obra más relevante, la Escuela de Música de La Serena, un colegio especial, donde los niños aprendían un instrumento al mismo tiempo que recibían su currículum normal.

A partir de esta escuela, Peña Hen forma la Orquesta Sinfónica Infantil de La Serena, con la cual realiza giras por Chile, América y Europa, recibiendo elogios de la crítica mundial.

Desafortunadamente, como militante socialista, tras el golpe es tomado prisionero y ajusticiado tras un juicio sumario por los miembros de la caravana de la muerte, quienes justificaron su fusilamiento por supuestas armas que habría entrado a Chile desde Cuba en los estuches de los instrumentos de sus músicos-niños.

Como esta burda acusación no es capaz de sostenerse, la alcaldesa de La Serena, Adriana Peñafiel, con motivo del encuentro de su cadáver y su sepultación en un lugar de honor de la ciudad de La Serena, de la cual Peña era “Hijo Ilustre”, declaró a El Mercurio, minimizando el hecho de que sus victimarios ocultaron su cadáver y no lo entregaron a sus deudos: “se sabía perfectamente el lugar del entierro y se conocía quiénes estaban ahí”.Justificando solapadamente la acción de los criminales de Peña Hen.

El mismo diario sostuvo: “hay quienes sostienen que el músico era un activista que incluso, en uno de sus viajes al extranjero, llevó niños a Cuba con motivos musicales, pero allá se les hizo participar en instrucción militar, recibieron adoctrinamiento político e incluso concurrieron a la zafra”.

No hay constancia de esta situación, como no hay ningún niño-músico que atestigue algo como esto. Los niños han dicho eso sí, que fueron llevados a la zafra. Cabe hacer notar que alguien es llevado a la zafra en Cuba como un honor, como cuando en Chile se invita a las visitas a asistir a una trilla, a un curanto o a una tronadura de cobre.

Nella Camarda, viuda de Jorge Peña Hen, el malogrado académico, docente, compositor y director de orquesta, quien fuera asesinado por la “caravana de la muerte” comandada por el general Arellano en La Serena, expresó durante un homenaje que le hicieran en la Universidad de Chile: “Este es un momento muy emocionante.

Jorge Peña Hen es recibido en el Salón de Honor de la Universidad de Chile. Nosotros que hemos trabajado una vida entera en este plantel, sabemos lo que ello significa. Porque él es recibido después de veinticinco años de haber sido arrancado bárbaramente de estas aulas donde fuera un brillante académico. Nos reunimos para algo que tiene una trascendencia no sólo nacional sino universal: la reivindicación de un ser humano. De un ser humano creador, dotado de una fuerza excepcional que lo llevó a desarrollar una obra sólida que nacó de la nada, de la ausencia total de recursos y que sin embargo irrumpió en la sociedad arrasando con las diferencias sociales, de credo o políticas. En este momento se está cumpliendo en mí un anhelo que nació en el mismo instante en que supe de su horrible muerte. Entonces yo dije: algún día sabrán a quien mataron, algún día sabrán quien era Jorge Peña. Y asi fue, poco a poco, después de un largo período de silencio, en que la más mínima alusión a su nombre fue acallada por los voceros de la dictadura, comenzó a resurgir como el ave fénix.

Via | http://www.lashistoriasquepodemoscontar.cl/jph.htm

Nota: La serie Ecos del Desierto, pone en pantalla la vida de Carmen Hertz y el paso de la Caravana de la Muerte al mando del Sergio Arellano Stark.

En muchas ocasiones los militares usaron corvos antes de fusilar a los detenidos. Las víctimas eran luego enterradas en tumbas sin marcar. El ex general Joaquín Lagos Osorio —comandante de la 1ra División del Ejército y jefe de zona en Estado de Sitio en Antofagasta— comentó más tarde que le daba “vergüenza” que se descubriera la forma en que los oficiales asesinaron a los 14 prisioneros de Antofagasta.

“Me daba vergüenza verlos. Si estaban hechos pedazos. De manera que yo quería armarlos, por lo menos dejarlos en una forma humana. Sí, les sacaban los ojos con cuchillos, les quebraban las mandíbulas, les quebraban las piernas… Al final les daban el golpe de gracia. Se ensañaron”. […] “Se los mataba de modo que murieran lentamente. O sea, a veces los fusilaban por partes. Primero, las piernas; después, los órganos sexuales; después, el corazón. En ese orden disparaban las ametralladoras”, indicó.