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320 profesionales firmaron mensaje que ayer se publicó en diversos medios del país

Alegan por la poca inversión en las ciencias, el bajo número de investigadores y la pobre tecnología que disponen para realizar su trabajo.

L a firman premios nacionales, presidentes y representantes de sociedades científicas. Directores de centros de excelencia, investigadores y docentes: 320 en total.

La misiva, de carácter pública, se titula “Nuestros gobiernos han elegido la ignorancia” y ayer fue publicada a página completa en “El Mercurio” y “La Tercera”. Siguiendo el tono pesimista, abre con una frase lapidaria: “La comunidad científica chilena está desolada”.

A través de esta carta, integrantes de diversas academias de ciencias de nuestro país protestaron contra la difícil situación que dicen estar viviendo. Apuntan a la baja inversión que han hecho los últimos gobiernos en áreas competentes a la ciencia, tecnología e innovación. A las pobres capacidades tecnológicas para desarrollar su trabajo y los bajos números de investigadores, entre otras razones. Lo que queda tras la lectura es que los científicos de nuestro país hace rato que no lo están pasando bien, y como rara vez se ha visto en Chile, han dejado el silencio sacro que caracteriza sus investigaciones en delantales blancos para protestar.

La renuncia que detonó todo

El fin de la paciencia de los científicos nacionales que detonó la publicación de esta carta tiene su origen hace un par de semanas atrás: el pasado jueves 29 de octubre, el presidente de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), Francisco Brieva, renunció a su cargo, transformándose en el tercer presidente en cuatro años que ha tenido esta institución estatal encargada, precisamente, de coordinar, promover y fomentar la investigación en ciencia y tecnologías de nuestro país. Alegó que no le habían cancelado su sueldo en los últimos seis meses, entre otras cosas. “Cuando uno no puede lograr algo hay un gran sentimiento de frustración”, cuenta.

¿Y de la carta? “De alguna manera reafirma lo que yo había dicho con otras palabras: hay un problema de sincerar lo que ocurre, sincerar las expectativas que tiene este país. Esta carta es como un gran grito de angustia por parte de los científicos, que son gente pacífica, razonable y que ha expuesto sus argumentos por años y años y durante el mismo tiempo han sido ignorados”, dice el doctor en física, quien fue decano de la Universidad de Chile y que actualmente se desempeña como docente de la misma casa de estudios. “Creo que realmente es la magnitud del grito lo importante. El comentarlo lo minimiza. Lo que hay que rescatar es la angustia del mensaje”.

-¿Cuál es la problemática que los científicos quieren dar a conocer con esta carta?

– No es una problemática de los científicos, es la problemática de un país que no quiere construir un futuro y eso creo que lo entiende cualquier persona. Eso es lo que está diciendo esta carta. Que el país, a través de su conducción, está eligiendo la ignorancia como futuro. Eso es una cosa muy dramática. Los científicos personalmente no quieren nada específico, sino que un mejor país y hacer su aporte a eso. No es una demanda gremial, es una demanda por el futuro de un país, y eso sí que es mucho más profundo.

Invertir para surgir

José Maza, astrónomo, astrofísico y Premio nacional de Ciencias Exactas, dice estar de acuerdo con todo lo que dice la carta, pero no con el tono en que se escribió. “Nunca le han dado demasiada importancia al tema, pero la reciente renuncia del presidente del Conicyt gatilló una sensación de malestar que debe ser lo que se refleja en esa carta. Hace 20 años que el país invierte el 0,3% del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que países que se están desarrollando invierten al 4%”, dice el astrónomo, quien ejemplifica el problema de los científicos de la siguiente manera: “Chile ha dado becas a una gran cantidad de jóvenes para perfeccionarse en el extranjero, pero no tiene un plan para reinsertarlos y para agrandar la comunidad del país. Es absurdo haber gastado dinero en educarlos si el país no los necesitaba”.

No hay lugar para los capos

Precisamente quien ha sufrido este problema descrito por José Maza es uno de los 320 nombres que firma la carta pública, Armando Azúa-Bustos, doctor en genética molecular y microbiología y director de la empresa Atacama Biotech. “Desde afuera me ofrecen mucho trabajo, pero aquí nadie puede contratarme. He golpeado todas las puertas en Santiago y fuera de santiago, pero todas las universidades están esperando saber qué va a pasar con la educación antes de contratar a alguien. Es una paradoja estúpida”, opina. “Es un panorama bastante desolador porque si bien se habla mucho de innovación y emprendimiento, lo que se invierte ello es bajísimo comparado con otros países. A la larga eso lleva al país al desastre porque básicamente estamos dependiendo de las cosas que vendemos al mundo, mercados muy volátiles que tienen sus tiempos: el cobre por ejemplo. Dependemos de él. Cuando de aquí a diez años los holandeses creen un material que lo reemplace en sus propiedades por menos costo, nos va a ir recontra mal. Será como lo que pasó con el salitre”, dice Azúa-Bustos.

“Esta carta es como un gran grito de angustia por parte de los científicos”
Francisco Brieva, ex presidente de la Conicyt

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