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Doctor Alexis Kalergis, experto en microbiologia e inmunologia de la Universidad Catolica.
Foto: Juan Farias E / La Tercera.

La renuncia de Francisco Brieva a Conicyt fue la gota que rebasó el vaso en un complejo escenario para la ciencia en Chile.

Los actores asumen su poca organización y poca llegada política, pero esta vez sí prometen la revolución de los delantales blancos.

Caos, desazón, frustración. Son algunas de las palabras que académicos e investigadores usan estos días. Tras la renuncia de Francisco Brieva a la presidencia de Conicyt, el mundo científico siente que “se tocó fondo” y que la respuesta del gobierno “ha sido un portazo en la cara”. El destacado físico dejó su cargo como una forma de protestar por la improvisación con que se hacen las políticas públicas en esta área y la burocracia a la que se enfrentaba, que queda bien reflejada en el hecho de que en seis meses no recibió sueldo.

A comienzos de año, el panorama pintaba mejor. En enero la Presidenta llamó a más de 30 expertos de distintas áreas a la comisión “Ciencia para el desarrollo de Chile”, que en julio entregó propuestas. Los consensos alcanzados y sobre todo el apoyo mayoritario que tuvo la idea de crear un Ministerio de Ciencia y Tecnología, tenía a los científicos entusiasmados después de años en que, según Mariane Krause, directora del Instituto Milenio en Depresión y Personalidad, Conicyt ofreciera “puras soluciones parche”. Pero en vez de recibir un anuncio en esa línea, la Presidenta Bachelet informó que los Institutos Milenio, que son una de las instituciones que están desarrollando investigación de alto nivel y dependían de la Subsecretaría de Economía, quedaban a cargo de Conicyt. Muchos recibieron mal la noticia, ya que en la comunidad científica domina la idea de que Conicyt no tiene ni las atribuciones, ni el presupuesto, ni la capacidad para organizar esa tarea, algo que la salida de Brieva confirmó.

“Nos hemos llevado en comisiones desde 1993”, afirma Fernando Valiente, coordinador del movimiento Más ciencia para Chile. “Incluso este año los 38 senadores firmaron un proyecto para la creación del ministerio. Sólo falta la voluntad del gobierno”, explica. Sin embargo, la idea del ministerio parece entrampada y la institucionalidad no funciona bien. “Es claro que así la ciencia no tiene ninguna esperanza en los próximos años”, agrega Valiente.

Frente a ello, los científicos coinciden en que se tiene que hacer algo. La pregunta es qué y cómo. “Somos dispersos y no estamos acostumbrados a interactuar. Siempre esperamos que el otro haga algo”, dice Jorge Babul, presidente del Consejo de Sociedades Científicas de Chile.

En Twitter varios han estado debatiendo sobre el tema esta semana. Las ideas son tan variadas y difusas como la comunidad que forman. “Hasta ahora nuestra estrategia ha sido súper académica. Participamos de las comisiones, mandamos cartas”, dice Andrés Couve, director del Instituto Milenio de Neurociencia e integrante de la comisión presidencial y agrega: “¿Qué podemos hacer? ¿Dejar de publicar papers? No tenemos medidas de presión. Hay gente que quiere salir a protestar pero con eso vamos a juntar a dos mil personas y tener una foto. Necesitamos otras cosas, hacer trabajo parlamentario, redes con otros sectores, traspasar algo de responsabilidad a gente que sí tenga capacidad de poner ideas en esferas de influencia”.

Conseguir coordinación y establecer un liderazgo son las alternativas que toman más fuerza, al menos en la conversación. Y algunos científicos más jóvenes tienen interés en asumir ese rol. “La comunidad científica no se caracteriza por reaccionar por otra cosa que no sea recorte en presupuesto. Falta una organización que nos reúna a todos”, dice críticamente Katia Soto, directora de la Fundación Más Ciencia. “Somos todos culpables”, agrega Ramón Latorre, director del Centro de Neurociencia de Valparaíso y premio nacional.

La reciente designación del biólogo Bernabé Santelices como presidente subrogante de Conicyt no parece cambiar el escenario. “Conicyt sigue pesando nada al interior del aparato público, por muy competente que sea el que esté a cargo”, explica Gabriel León, director del Centro para la comunicación de la ciencia UNAB. “Francisco (Brieva) fue muy valiente en exponer la realidad. Si los problemas que describió existen, ningún científico debería aceptar esa posición”, explica Latorre.

En resumen, la revuelta existe, pero está por verse si sale del laboratorio.

De la calle al seudo lobby

El mundo científico no se relaciona con las autoridades desde las marchas o el muñequeo político. Sus modos han sido más cuidadosos pero sí han expresado su malestar, por ejemplo, a través de cartas como la que circuló esta semana entre investigadores de diferentes edades, trayectorias y centros de estudio para publicar este fin de semana, o la que mandaron en septiembre una docena de premios nacionales a La Moneda preocupados por el traspaso de las Iniciativas Milenio a Conicyt.

La respuesta de La Moneda, dicen, fue más bien protocolar: citó al grupo a una reunión con el director de Políticas Públicas, Pedro Güell y no todos quedaron contentos. “No me parece que si estamos enviando una carta a la Presidenta no nos reciba ella. No corresponde”, asegura Cecilia Hidalgo, directora del Centro de Estudios Moleculares de la Célula y premio nacional.

Y es que los científicos no son un típico grupo de presión. Recién hace algunos años están comenzando a entender el manejo político y parlamentario y a generar vínculos con otros sectores. Un ejemplo interesante en esa línea han sido los talleres para líderes que viene organizando la fundación Ciencia & Vida desde hace una década para interesar en el tema a otros actores, y por el que han desfilado políticos, empresarios, periodistas y dirigentes de organizaciones.

Pero al parecer se necesita más. “La sociedad civil va a las galerías del Congreso con carteles, pero el científico no va a hacer eso”, dice Fernando Valiente. “Hoy los profesionales de la ciencia tienen poco impacto en las leyes. Un ministerio podría contribuir a apoyar los procesos legislativos con gente experta”, agrega Alexis Kalergis, director del Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia.

Olga Barbosa, bióloga e investigadora de la Universidad Austral lo hace: “Voy harto a comisiones, porque veo temas de Ecología. Un día, al salir, un diputado me dice ‘oiga, para la próxima vez venga con más gente, para la foto’. Ellos no entienden que esa ‘gente’ está investigando, que no tiene tiempo para sacarse fotos con parlamentarios. Pero capaz que tengamos que sacarnos las fotos”, reflexiona.

A propósito de lo de Brieva, el lunes pasado Juan Asenjo, presidente de la Academia Chilena de la Ciencias, y Jorge Babul asistieron a una conferencia con (tal vez) el único parlamentario que ha mostrado preocupación sistemática por la investigación: Guido Girardi. En esa instancia, el senador anunció que rechazará todas las partidas presupuestarias como protesta al escuálido financiamiento para la ciencia. A las pocas horas llegaron Cecilia Hidalgo, Andrés Couve y Alexis Kalergis a darle su apoyo.

Sin embargo, como existe la percepción de que la ciencia no atrae votos ni es una prioridad para la ciudadanía, tampoco consigue el interés parlamentario. “Los políticos votan por las cosas que las personas quieren, aunque estén equivocadas. Para la ley del Timerosal, ¡ninguno votó en contra! ¿Pensaban todos que era peligroso? En absoluto, pero no querían ir en contra de la gente. A no ser que estemos muy conectados con la política, no tendremos éxito”, dice Gabriel León.

La diputada Karla Rubilar integra desde el año pasado la comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara y asegura que se encontró un panorama desolador. “Citamos al Ejecutivo para que expusiera la agenda legislativa en Ciencia y Tecnología y nos respondieron que no tenían agenda”, recuerda y agrega que en sus 10 años como diputada nunca ha presenciado una discusión sobre la falta de presupuesto en esta área. “Es brutal, pero habla del país que somos”. Por eso asegura que propondrá en la comisión que se rechace el presupuesto en Ciencia y Tecnología porque “el Parlamento no puede seguir siendo cómplice de lo que está pasando”.

Ahora sí …

Es lo que dicen todos, o casi todos: pasar del malestar a la acción. Y hay varias ideas dando vueltas. Junto con la “vía política”, otras estrategias siguen su curso.

Como la carta para publicar este fin de semana en los medios, inspirada en “They have chosen ignorance!” (Han escogido la ignorancia), que los científicos escribieron al Parlamento europeo. Mario Rosemblatt, director ejecutivo de la Fundación Ciencia & Vida, cuenta que la idea es “dejar de quejarnos y pedir acciones concretas” y que espera que la firmen los premios nacionales, los presidentes de las sociedades científicas y las organizaciones de estudiantes de doctorado.

Por su parte, el Movimiento Más Ciencia para Chile está trabajando en una plataforma web sobre los variados problemas de la ciencia en Chile, dice Katia Soto. “Como un Conicyt Gate”, agrega Fernando Valiente. Otra idea que toma fuerza es publicar en alguna revista científica, como la prestigiosa Nature, un artículo sobre las trabas que encuentran. “La autoridad reacciona cuando internacionalmente se pone esta noticia”, dice Soto.

También hay una marcha convocada por el grupo Ciencia con Contrato para este jueves al mediodía en la Plaza de la Constitución. Pocas veces los científicos se han manifestado públicamente. “La primera vez que salimos a la calle, en 2007, aparecimos en el diario, pero la segunda vez no pasó nada. Yo cada vez que voy al centro veo gente reclamando, ¿y?”, dice Jorge Babul. No es una estrategia tan alocada. Durante los últimos dos años, en países como Francia, Rusia, Australia y Brasil, los científicos han organizado desde caminatas a cicletadas para protestar. “Este es el momento para sensibilizar a la población”, dice Natalia Muñoz, líder de Ciencia con Contrato que convoca a la marcha. “Por supuesto que participaría”, dice Rosemblatt, de la Fundación Ciencia & Vida, mientras Katia Soto responde: “Claro que voy a la marcha”.

Pablo Astudillo, científico que también pertenece al movimiento Más Ciencia y se ha dedicado a investigar el tema, dice que en estos últimos años se han hecho esfuerzos: “Hemos trabajado harto, hemos salido del laboratorio, difundido, pero ese trabajo no ha sido acogido por los políticos ni por el gobierno. La frustración es porque no se avanza”. Por eso, cree que hay que apuntar a mayor organización y coordinación en el gremio, algo con lo que coincide Andrés Couve. “Nuestro pecado original es que no tenemos una agrupación con agenda propia. Esperamos que alguien haga la pega, que otro segmento se apropie de nuestras preocupaciones y tenemos que hacerlo nosotros. Creo que la generación de relevo debe liderar ese proceso, porque nos afectarán más las medidas futuras”.

¿A quién le importa?

“Este no es un problema de los científicos. Este país no quiere salir del subdesarrollo. Hoy le estamos regalando nuestros mejores talentos a otros países, pareciera que no queremos dar el salto”, dice Juan Asenjo. “Si no se le da la importancia que requiere a la ciencia vamos a seguir exportando rocas y palos para siempre”, agrega Olga Barbosa.

¿Pero cómo convencer de que, frente a tantas otras urgencias, la inversión en ciencia es de extrema necesidad? “La ciencia no detiene al país como la colusión”, dice Jorge Babul.

Sin embargo, Fernando Valiente cree que es posible. “Para mejorar la salud o la educación necesitas ciencia, tecnología, conocimiento. El retorno es más a largo plazo, no es algo populista, pero se trata de soluciones reales, basadas en evidencia. Hay que trabajar más en divulgación para que la gente entienda esa relación y nos apoye”.

Una tarea que, agregan los científicos, les corresponde a todos los académicos e investigadores. Más aún cuando las ciencias sociales y humanidades se han mantenido, en su mayoría, alejadas del conflicto. “Necesitamos botar la muralla entre ciencias naturales, aplicadas, sociales y humanidades”, dice Valiente. “La interdisciplinariedad es clave para modificar esta institucionalidad y política pública que está obsoleta”, agrega Pablo Oyarzún, filósofo de la Universidad de Chile e integrante del consejo superior de ciencia y tecnología de Fondecyt.

Según la diputada Rubilar, estamos en un momento clave para invertir en ciencia, tecnología e innovación y cambiar la base de nuestra economía. “¿Qué vamos a hacer cuando se acabe el cobre? Hay que tomar decisiones ahora para saber en qué innovar e invertir en los próximos años”.

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Los puntos críticos de Conicyt

1. La baja de recursos para becas y fondos concursables (que afecta sobre todo a un creciente grupo de investigadores jóvenes).

2. Cierre de centros de excelencia como el Anillo Némesis, dedicado a investigar patologías como el cáncer, enfermedades cardiovasculares y diabetes.

3. Inhabilitados: alrededor de 1.400 estudiantes castigados con el retorno de sus becas y la imposibilidad de postular a más concursos por haberse retrasado en las fechas de su titulación.

4. Consejo directivo: se reconstituyó en 2014 tras 42 años de receso pero, según dicen los científicos, con disposiciones de los años 70 que no les dan ningún rango de influencia.

Tuiteros furiosos

@JorgeBabul La calle está “chacreada”

@AlvaroElorza ¿Cuántos años llevamos alegando? No somos el Registro Civil para presionar al gobierno. La ciencia no paraliza al país.

@pan_con_chancho Propongo la opción Beauchef: NADIE postula a instrumentos ni concursos de CONICYT. (Claudio Falcón, Dpto. de Física U. de Chile)

@VergaraLautaro Un sitting en la Plaza de la Constitución. Al menos. Con solicitud de entrevista con la Presi. (Dpto. de física USACH)

@JorgeBabul a @GiorgioJackson ¿Incluyes en tu programa acciones relacionadas con ciencia y tecnología? Debemos exigirlo a nuestros candidatos.

Via | La Tercera