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En 1971, Otis Johnson fue condenado a 44 años de prisión acusado de intentar matar a un policía cuando tenía sólo 25 años. Hoy, se enfrenta a un mundo totalmente distinto, con iPhones, “pantallas luminosas y gente con cables en su oído”, y sin una familia que se preocupe por él.

Hoy con 69 años, acaba de ser liberado. Sin embargo, su readaptación a la sociedad no sólo tiene que ver con su inserción como persona, sino con la visión actual de un lugar que dejó atrás a principios de los años 70. Porque ahora, tal como si fuese un viajero en el tiempo, el mundo es un lugar totalmente diferente.

En una entrevista publicada por la red Al Jazeera, Johnson se pasea por Times Square en Nueva York, claramente sorprendido y muy confundido por la moderna tecnología que le rodea: personas “con cables en sus oídos” que escuchan música y que parecen agentes de la CIA , peatones “que se hablan a sí mismos” y gigantescos carteles de neón que iluminan los escaparates. “Ya no hay ventanas”, indica.

“Mi reentrada fue dificil al principio, porque muchas cosas habian cambiado. Vi que todos se hablaban a sí mismos, pero luego me di cuenta que tenian cosas en sus oidos, y hacían algo en eso llamado iPhone, o lo que sea”.

“Algunos ni siquiera ven donde caminan, y estoy tratando de entender cómo lo hacen para controlarse al mismo tiempo que caminan y hablan en el telefono, sin siquiera ver donde van. Fue impresionante”, afirma.

En el video de seis minutos de duración se aprecian sus dificultades ante mecanismos tan comunes hoy como un torniquete de metro electrónico, el hecho que una llamada valga un dólar en comparación con los 25 centavos de 1971, y que el metro esté tan atestado de gente. Dice preferir los buses por su tranquilidad.

Johnson habla de su readaptación social y lo bueno que se siente estar libre de nuevo. Cuenta que perdió contacto con su familia a fines de los 80 y que hoy, al salir, no cuenta con pareja, padres o hermanos que se preocupen por él.

En cuanto a su vida diaria, señala que hoy existen muchas cosas distintas. En el supermercado, destaca cosas “locas” como los tipos de desayuno, las nuevas variedades de mantequilla de maní y los “líquidos de colores”, en clara referencia a las bebidas energéticas rosadas y azules.

“Sólo las tomo porque es divertido”, asegura.

Aún así, se muestra tranquilo y optimista. “Cuando no tengo nada que hacer después de las 18 horas, camino al parque y medito. Hay que dejar ir las cosas porque mantenerse enojado te estanca. Hay que crecer y desarrollarse”

“Todo pasa por una razón (…) estoy dejando ir las cosas y trato de enfrentarme al futuro en vez de quedarme en el pasado. Trato de ir adelante, no hacia atrás. Es la forma en que sobrevivo en esta sociedad”, finaliza.

Fuente: Al Jazeera

Via | La Tercera